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En mi ruta diaria en autobús al trabajo, observo a mis compañeros de trayecto en su comportamiento y relación con los demás: conversaciones a gritos, llamadas y vídeos a todo volumen en el móvil y absortos completamente con este dispositivo. Este ensimismamiento digital dificulta la cesión de asientos a personas que lo necesitan, obstaculiza el acceso a los asientos interiores y la liberación de espacio cuando hay que bajarse en las paradas.

Me temo que este autobús es un reflejo de la sociedad actual: una falta de respeto y empatía constantes, con la mirada puesta única y exclusivamente en uno mismo.

Ojalá este nuevo año nos traiga más conciencia social.

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